Del 30 de septiembre de 2026 al 10 de enero de 2027 en el Monasterio de Yuso.
Entre los montes Distercios se alza el monasterio de San Millán de la Cogolla, donde historia, espiritualidad y cultura se han conservado durante más de mil quinientos años.
Aquí nacieron las Glosas Emilianenses, el primer testimonio escrito de la lengua castellana, y se desarrolló una de las tradiciones monásticas más influyentes de la península.
San Millán de la Cogolla es hoy un lugar de visita imprescindible para quienes buscan arte, patrimonio y memoria histórica.
El Monasterio de San Millán de la Cogolla es Patrimonio de la Humanidad desde 1997.
La historia de San Millán comienza en lo alto del valle, en torno a las cuevas donde vivió y fue enterrado el santo. Allí nació Suso, la casa de arriba, y alrededor de su sepulcro se formó una comunidad monástica que convirtió el lugar en uno de los grandes centros culturales de la Edad Media.
En el siglo XI, el rey García Sánchez III de Pamplona quiso trasladar las reliquias de San Millán al monasterio de Santa María la Real de Nájera. Según la tradición, los bueyes que transportaban las reliquias se detuvieron en el valle y no hubo manera de hacerlos avanzar ni retroceder. El rey interpretó aquel hecho como una señal: San Millán debía permanecer allí.
En aquel lugar se levantó una nueva casa para la comunidad: Yuso, «abajo».
Desde entonces, Suso y Yuso son las dos casas de una misma historia: una arriba, otra abajo, unidas por el valle y por una misma comunidad monástica.
Suso y Yuso forman un único conjunto monástico reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial desde 1997.
Su valor reúne siglos de historia, arquitectura, arte y vida monástica, pero también una dimensión cultural excepcional: San Millán es un lugar fundamental para comprender los orígenes de la lengua y la literatura castellanas.
En San Millán de la Cogolla se conservan algunas de las huellas más importantes de los primeros pasos escritos del castellano.
En el monasterio de San Millán los monjes copiaron, tradujeron, estudiaron y anotaron manuscritos durante siglos. Entre ellos se encuentran las Glosas Emilianenses, unas anotaciones realizadas sobre un códice latino que constituyen uno de los testimonios más antiguos conocidos de una lengua romance peninsular.
Este extraordinario legado convirtió a San Millán en un lugar fundamental para comprender la historia de nuestra lengua y de nuestra literatura.
Siglos después de las primeras anotaciones que dieron fama a San Millán como cuna de la lengua, este monasterio fue también el lugar donde vivió y escribió Gonzalo de Berceo, considerado el primer poeta de nombre conocido de la literatura castellana.
Clérigo y escritor del siglo XIII, Berceo estuvo vinculado a los monasterios de San Millán y desarrolló gran parte de su obra en este entorno. En sus versos, escritos en castellano, acercó la literatura a una lengua que ya comenzaba a convertirse en vehículo de creación y cultura.
Su obra más conocida, los Milagros de Nuestra Señora, forma parte de un legado literario que une para siempre el nombre de Berceo con San Millán de la Cogolla.